Revista de Análisis Plural

Responsabilidad social corporativa y consciencia social

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Las grandes empresas privadas están haciendo un gran esfuerzo con sus actuales programas de RSC, no obstante, estos proyectos muchas veces quedan reducidos a un pequeño apunte contable, muy rentable a nivel de marketing para su reputación de marca, pero excesivamente superficial en cuanto a su auténtica responsabilidad social. Porque la RSC no consiste solamente en asignar algún dinero para “temas sociales”.

CEFERÍ SOLER. Profesor de Dirección de Personas y Organización en ESADE.


La auténtica responsabilidad social de las empresas es la de colocar los valores éticos en el núcleo de todas sus operaciones/decisiones con las personas, ya sean estas empleados, clientes, proveedores o ciudadanos en general. Lo cual incluye un verdadero respeto a sus entornos medioambientales.
Los dramáticos y controvertidos casos de suicidios de empleados, de todos los niveles, vinculados a sobrecarga laboral en empresas como Zurich, France Telecom (Orange) o Foxcon (el principal proveedor de Apple en China) no son más que lamentables puntas de un gran iceberg de ausencia de “Liderazgo con Consciencia” que hay que empezar a atreverse a descongelar.
Los valores son palabras con un alto nivel de aceptación social. Cuando se pregunta a una empresa cuáles son sus valores corporativos, esta tiende a contestar de la manera más atractiva para sus empleados, clientes y su contexto social. De esta manera, los valores declarados o supuestos no son necesariamente coherentes con los valores practicados, aquellos que realmente gobiernan las decisiones de su conducta.


 La cohesión interna y ventaja competitiva de la empresa capitalista es el pragmático valor de la coherencia entre lo que se piensa, lo que explica su web y lo que se hace. Cuando los valores de la empresa se proclaman desde el Consejo de Administración por mera búsqueda de la reputación, u otras ventajas empresariales, sin que su motor surja de una auténtica conexión interior de sus líderes con ellos mismos, tienden a convertirse en papel mojado o, más modernamente, en bonitas páginas web electrocutadas. Porque no tienen vida ni consciencia social.

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