Las previsiones de otoño del FMI destacan dos rasgos generales. Los vemos.
JOAN TUGORES QUES. Catedrático de Economía de la UB.
Por un lado, un estancamiento de la dinámica económica, que se situaría en una “meseta” del 3,7% anual para los tres años mostrados en el cuadro. Y por otra parte, un énfasis en que los “riesgos a la baja” son predominantes, que es la forma de anunciar que son más probables “malas noticias” con revisiones a la baja que lo contrario.
Las tensiones asociadas a la guerra comercial iniciada por Estados Unidos, y que afectan de forma destacada a China, son la principal razón esgrimida, aunque asimismo se desprende que tras esta fuente de fricciones subyacen otros aspectos preocupantes de fondo.
Las cifras publicadas en octubre suponen un reajuste a la baja de las previsiones de principios de verano, que situaban el crecimiento mundial en un 3,9%. Todas las economías avanzadas experimentan revisiones a la baja para 2019, con la incógnita de cómo Estados Unidos hará frente a la transición entre los estímulos a corto plazo ya implementados y una normalización de la situación… si es que se produce. Para el conjunto de las economías emergentes y en desarrollo, llama la atención cómo la desaceleración de China –que podría agravarse– se ve por ahora contrarrestada por un mayor crecimiento de India y las revisiones al alza de un continente africano que se sitúa en segundo lugar en las proyecciones para 2019, solo por detrás de Asia.