El 7 de junio de 1494 se firmó en Tordesillas un acuerdo entre Portugal y Castilla en el que se estableció que las tierras a más de 370 leguas al oeste de Cabo Verde serían de Castilla y las del este de Portugal. Esto dio lugar a un cambio en el orden mundial de aquellos tiempos, y la innovación y tecnología, en este caso, en el ámbito naval, fueron factores fundamentales.
CARLES ABELLÁN. CEO QUSIDE
El impacto de la innovación y la tecnología es hoy más vigente que nunca. Lo vivimos recientemente cuando la falta de chips durante la pandemia paralizó industrias, desde la automoción hasta los electrodomésticos. Esta crisis reveló nuestra dependencia de cadenas de suministro globales y la importancia de ciertas tecnologías.
En este contexto, vemos un rápido cambio desde políticas de globalización hacia políticas de soberanía. La carrera por controlar tecnologías clave como la cuántica, los semiconductores o la inteligencia artificial está servida. Sin embargo, y del mismo modo que castellanos y portugueses dominaron los mares tras años de inversión y emprendimiento, la independencia tecnológica requerirá tiempo, inversión y talento. Y, sobre todo, requerirá muchísima innovación.
Un primer reto que se nos presenta son el tiempo y las expectativas. Es imposible conseguir independencia tecnológica sin financiar proyectos de base científica, alto riesgo y altas necesidades de capital y talento. Como demuestra el caso de ASML en Europa, se necesitan compromisos a medio-largo plazo, más allá de ciclos políticos cuatrianuales o cuentas de resultados trimestrales.
Es imposible conseguir independencia tecnológica sin financiar proyectos de base científica, alto riesgo y altas necesidades de capital y talento
Otro reto crucial es la escalabilidad. Es difícil justificar inversiones si el acceso a mercados globales se ve limitado por restricciones regionales. La innovación tecnológica siempre ha buscado alcance global. ¿Qué ocurre cuando cada región prioriza tecnología local? Se replicarán inversiones en varias geografías, cada una limitada a su “frontera soberana”. ¿Es compatible tener un alcance global y autonomía regional?
Un último reto sobre el cual reflexionar es el efecto de la ciberseguridad. ¿Qué hubiera pasado si el diseño de barcos y rutas, que tanta inversión requirió, hubiera sido accesible a cualquiera? En el siglo XV, ese conocimiento tardaba años en filtrarse. Hoy, un fallo de seguridad puede comprometer ventajas competitivas en cuestión de segundos.
En Quside combinamos tecnologías como la cuántica o los semiconductores para fortalecer sistemas de seguridad y hacerlos más eficientes. Vemos en nuestro día a día los retos de balancear la soberanía tecnológica con la búsqueda de un mercado global.
La carrera por dominar tecnologías estratégicas está servida. A pesar de que soy algo escéptico en cuanto a la viabilidad de una soberanía tecnológica completa, sobre todo si es a corto plazo, estoy convencido de que desarrollar una industria puntera y competitiva a nivel global, centrada en la innovación, talento y emprendimiento, es esencial para tener un lugar en un entorno de codependencia que seguro nos acompañará durante muchos años.